Las contracturas musculares y los cuadros de rigidez
articular, constituyen procesos generalmente banales, pero que pueden
interferir de manera importante en el desarrollo de nuestra vida cotidiana.
Las contracturas pueden aparecer en cualquier parte
del cuerpo que contenga músculo pero en este caso, vamos a centrarnos en las
contracturas cervicales, ya que son una de las que más se dan en los seres
humanos de ahora y, aunque no presentan riesgo mayor, si que pueden llegar a
convertirse en un problema para aquel que lo padece.
Síntomas
La contractura cervical es muy fácil de reconocer,
ya que se presenta en forma de molestia o dolor persistente.
El dolor puede ser ocasional o bien convertirse en
algo continuado igualmente, sentir el mismo puede resultar muy desagradable y
afectar notablemente en las funciones que tenemos que desempeñar en el día a
día.
A continuación, vamos a citar algunas de los
síntomas que podemos presentar con una contractura cervical:
• Dolor fuerte en el músculo
• Pinchazos agudos
• Hinchazón
• Sensación de hormigueo
• Calor fuerte en la zona
Como vemos, y al igual que en otras muchas
ocasiones, los síntomas no son exclusivos de la contractura cervical sino que
podrían deberse a otras muchas circunstancias no obstante, sí que debemos
tenerlos en cuenta en el momento en que se presentan en esta zona, ya que es
más que probable que se deban a ello.
Por norma general, la contractura cervical no es
grave de hecho, casi todas las personas la pueden llegar a padecer en un
momento concreto de su vida.
No obstante, es importante que cuando presentemos
este tipo de dolor acudamos a un especialista para que nos haga una revisión.
Las contracturas musculares por lo general no son
peligrosas y algunas personas ni siquiera pasan por consulta, ya que incluso
yendo a la farmacia pueden aconsejarte una crema específica que te ayude con el
hinchazón, pero debemos saber diferenciar entre una contractura cervical
pasajera y una contractura cuyo dolor persiste y se hace cada vez más fuerte,
ya que podemos encontrarnos con alguna que se llegue a convertir en un verdadero
problema a la hora de realizar nuestras funciones diarias.
Cómo actuar
Como ocurre en otras enfermedades, el mejor
tratamiento siempre es la prevención. Un ejercicio moderado a lo largo de toda
la juventud que se mantiene durante la madurez es muy rentable a la hora de
retrasar los síntomas de limitación funcional y articular. Igualmente el
periodo de calentamiento antes de emprender cualquier actividad deportiva es
fundamental para prevenir la aparición de estas contracturas funestas en lo que
se refiere a la movilización posterior de la articulación y, consecuentemente a
la práctica del deporte.
Asimismo, es conveniente realizar un periodo de
“enfriamiento” durante el cual se lleva a cabo una reducción gradual de la
actividad física antes de proceder al cese completo de la misma.
En el caso de que la contractura cervical aparezca o
cualquier otra molestia relacionada precisamente con las contracturas es
imprescindible que acudamos al especialista para que nos dicte una tabla de
ejercicios y movimientos a realizar (con el correspondiente rango de reposo)
para que la contractura en sí se suavice y llegue a terminar.
No obstante, como hemos comentado antes, es bueno
que llevemos una vida normalizada y sana sin tener que levantar grandes pesos o
realizar movimientos demasiado bruscos.
Cualquier receta en este blog referente a la salud debe
mantenerse como información. Así, el uso que se le dé queda totalmente bajo la
responsabilidad del lector.
Fuente: Softnatura
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