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viernes, 7 de marzo de 2014

SI QUIERES CAMBIAR TU CUERPO, CAMBIA ANTES TU CONSCIENCIA

Nuestras células escuchan constantemente a nuestros pensamientos y se ven cambiadas por ellos.

Una depresión puede causar estragos en el sistema inmunológico; por el contrario, enamorarse puede fortalecerlo. La desesperación y falta de esperanza aumentan el riesgo de sufrir ataques cardíacos o contraer un cáncer, acortando así la vida. El gozo y la satisfacción nos mantienen saludables y prolongan la vida. Esto significa que no es posible trazar con certeza la línea entre biología y psicología.

El recuerdo de una tensión, que es sólo una brizna de pensamiento, libera el mismo torrente de hormonas destructivas que la tensión en sí misma. Como la mente influye sobre todas las células del cuerpo, el envejecimiento humano es fluido y cambiante; puede acelerarse, demorarse, detenerse tiempo y hasta revertirse.

Si uno se conociera tal y como es, comprendería que es la fuente, el curso y la meta de toda la inteligencia que fluye. Lo que las tradiciones religiosas del mundo llaman Espíritu es la totalidad, la continuidad de la conciencia que supervisa todos los fragmentos y las piezas de la inteligencia.

Son los vacíos en el conocimiento de nosotros mismos los que nos hacen víctimas de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Perder la conciencia es perder inteligencia; perder inteligencia es perder el dominio sobre el producto final de ésta: el cuerpo humano. Por lo tanto, la lección más valiosa que puede enseñarnos este nuevo paradigma es ésta: Si quieres cambiar tu cuerpo, cambia primero tu conciencia.

El cuerpo humano es depositario de la inteligencia divina, es parte integral de la conciencia. Todo está relacionado y negar esto a estas alturas del conocimiento es una necedad.

El cuerpo sufre los resultados de la falta de conciencia y, a la vez, contiene los recursos que necesitamos para despertarla. Es más sencillo de lo que pensamos, aunque requiere continuidad y paciencia para darse cuenta de la transformación. Y las consecuencias son la plenitud, la paz y el valor de ser siempre un@ mism@.

Estamos en los umbrales de un cambio increíble. La Nueva Energía ya está aquí y es cuestión de subirse y surfear sobre la ola. Cada vez más personas escuchan los susurros del Alma, que los insta a encontrar el camino al Hogar.

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