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lunes, 18 de agosto de 2014

LUNARES DE SANGRE - COMO ELIMINARLOS

Si tenemos lunares de sangre no debemos alarmarnos, ya que no son un riesgo para la salud. Pero aun así, muchas personas que los tienen querrían quitárselos por una cuestión estética.

En este artículo se explica qué son, por qué aparecen, los tratamientos médicos que existen y qué remedios naturales nos pueden ayudar a hacerlos desaparecer, además de algunos consejos generales para cuidar y proteger nuestra piel.

¿Cómo son?
Los lunares de sangre, también conocidos como Nevus Rubí, tienen forma circular, son de color rojo y no suelen ser más grandes de 2 milímetros de diámetro. Suelen aparecen mayoritariamente en la zona del tórax, en el cuello y en los brazos.

¿Por qué aparecen?
En la mayoría de casos surgen con el paso del tiempo, y podemos ver como a las personas de edad avanzada les aparecen cada vez con más frecuencia. También es cierto que son más habituales en las personas de piel muy clara.

Las causas principales por las que aparecen son por una dilatación de los pequeños vasos sanguíneos de la piel y por una sobre exposición al sol.

¿Cómo los podemos quitar?
Si son pequeños se pueden disimular con correctores cosméticos o maquillaje, aunque existen diferentes tratamientos médicos que permiten eliminarlos. En este caso deberemos consultar con nuestro médico o dermatólogo para que nos aconseje cuál nos conviene más:

Cirugía: se aplica para lunares grandes y profundos principalmente. Se realiza una escisión sobre la piel, se extrae el lunar y posteriormente se cose la zona. Puede resultar doloroso y suele dejar cicatriz.

Terapia con láser: este método es rápido e indoloro, y no conlleva apenas efectos secundarios.

Crioterapia: en esta opción se aplica nitrógeno líquido para congelar el lunar y luego extraerlo, del mismo modo que se hace con las verrugas. El problema es que tiene un coste elevado.

De todos modos, algunas personas prefieren probar primero algunos remedios naturales tanto porque así se evitan las molestias del tratamiento médico y el precio más elevado que conlleva.

Remedios naturales:

Aceite de ricino
Para realizar este remedio necesitaremos aceite de ricino, aldogón y esparadrapo. Mojaremos el algodón en el aceite y lo aplicaremos sobre el lunar, pegándolo con la ayuda del esparadrapo. Cada día cambiaremos el algodón por otro nuevo y lo haremos durante siete días seguidos.

Ajo
El ajo tiene unas propiedades muy potentes, como ya conocemos tal vez por su capacidad de eliminar verrugas. En este caso funciona de manera similar. Aplicaremos diariamente un trocito de ajo fresco encima del lunar y lo mantendremos sujeto con un esparadrapo. Lo cambiaremos preferiblemente dos veces al día, por la mañana y antes de acostarnos.

Además, podemos completar este tratamiento consumiendo ajo crudo o bien cápsulas de aceite de ajo.

Manzana agria
Licuamos el jugo de una manzana agria y lo aplicamos en el lunar, al menos tres veces al día durante tres semanas. Este es un tratamiento lento que requiere paciencia, pero es efectivo y podremos ir viendo cómo va desapareciendo.

Cuidar nuestra piel
Para prevenir la aparición de nuevos lunares es fundamental que cuidemos nuestra piel, sobre todo si la tenemos sensible o muy clara.

La protegeremos siempre de la radiación solar, especialmente en el verano y en las horas de máxima radiación, entre las 12 y las 4 del mediodía. Usaremos siempre protector solar pero evitaremos la exposición o cubriremos nuestra piel en las horas del mediodía.

Realizaremos peelings naturales una vez a la semana o cada quince días, con productos adecuados a nuestro tipo de piel y a la sensibilidad de cada zona del cuerpo.

Hidrataremos y nutriremos nuestra piel habitualmente con aceites vegetales o bien con cremas hidratantes naturales.

Usaremos tejidos naturales como el lino o el algodón y evitaremos los tejidos sintéticos.

Nos alimentaremos de manera equilibrada, consumiendo cada día frutas y vegetales crudos y grasas saludables, las cuales nutrirán nuestra piel en profundidad y le darán vitalidad.

Nos ducharemos siempre que podamos con agua fría, o al menos terminaremos siempre la ducha con agua fría, para mejorar la circulación cutánea y general del cuerpo. El agua demasiado caliente nos debilita y quita firmeza a la piel.


fuente:mejorconsalud

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