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jueves, 19 de mayo de 2016

NO TIENES QUE ESPERAR A LA MUERTE PARA FUSIONARTE CON DIOS - DIOS CANALIZADO (PROCESO III)

Maravillosa explicación de cómo experimentar la Fusión con el Todo mientras continuamos en nuestro cuerpo físico. También avanzamos un poco más en el aspecto de más allá de nuestra muerte. 

Aconsejo leer antes las canalizaciones previas de Dios sobre el proceso de la muerte. Os dejo los enlaces de la primera publicación de la serie y de la previa a ésta misma para facilitar la lectura. 



Los párrafos en negrita son las respuestas de Dios, para una mayor comprensión. 

¿No tengo que esperar hasta mi muerte para que ocurra el momento de fusión en la autorrealización, el momento de experimentar mi Unidad con el Todo?

Claro que no. Puedes experimentar esta fusión y esta realización durante tu vida física. Mucha gente lo hace.

En otras ocasiones has mencionado la meditación, la oración profunda, algunas disciplinas (yoga, taichi y demás), el baile y los rituales como formas en las que la gente se mueve hacia una mayor armonía y paz y un estado de divina resonancia o unidad. ¿Hay algunos otros “trucos” que puedas compartir?

Entrar en una posición de maravilla y asombro con la vida entera y una simple voluntad de experimentar la plenitud de eso, un deseo puro y verdadero, es todo lo que se requiere para abrirse a la posibilidad de tales momentos de trascendencia. Mucha gente experimenta este disolverse en la Unidad de forma bastante espontánea, en medio de alguna actividad de lo más común. Lavando los platos. Pasando la aspiradora a la moqueta. Lavando el coche. Vistiendo al bebé. Haciendo una tarea en el trabajo. Conduciendo por la carretera. Duchándose.

De repente, de forma abrupta, sin aviso o causa, hay un sentimiento de “no separación”, una experiencia de unidad con todo. Se siente normalmente por una décima de segundo y después las cosas vuelven a la “normalidad”, pero es una experiencia que uno nunca olvida.

¿Qué debemos hacer si sucede esto?

Bueno, haz lo que quieras, con tal de que no lo ignores. Para mucha gente su significado a menudo pasa desapercibido o ignorado. Si tienes o has tenido una experiencia semejante, puedes volver a ella con la memoria y recapturar mucho de lo que sentiste que fue experimentando allí.

Puedes usarla como un punto de partida, un lugar desde donde despegar, hacia experiencias más largas. Hay gente que es capaz de entrar en esta experiencia de Unidad a voluntad y hay quienes permanecen en ella durante largos períodos de tiempo. Algunos permanecen en ella durante el resto de su vida. Es simplemente una cuestión de enfocarse o de centrar la presencia entera.

¿Centrar la presencia entera?

Bueno, nos vamos a encontrar de nuevo con el problema de las palabras. Es muy difícil describir ciertas experiencias usando la limitación de las palabras. Es por eso por lo que te he animado a que te formes imágenes siempre que puedas. Incluso aunque las imágenes en tu mente sean metáforas, a menudo te llevarán más cerca de la sensación de “saber” de lo que puedan hacerlo las palabras.

Con centrar la presencia entera me refiero a esas veces en que estás enteramente presente en el momento que está ocurriendo ahora mismo en tu vida; cuando no hay una sola parte de tu cuerpo, mente o espíritu que esté “en algún otro lado”. Esto ocurre rara vez para la mayoría de la gente, pero puede ocurrir, y la gente con una voluntad verdadera puede hacer que ocurra regularmente.

Puedes, con determinación, sacar tu mente de todo lo demás y traerla a este momento ahora mismo. Algunos de ustedes llaman a esto experiencia de estar “centrado” o plenamente “presente”.


Una forma de alcanzar este estado de ser, es mirarte a los ojos en un espejo. Esto es una herramienta engañosamente simple e increíblemente poderosa. 

El truco es no detenerse si este mirar profundo se vuelve incómodo. Si eres capaz de mantener tu propia mirada más de diez segundoS, empezarás a sentir tal compasión y tal amor por ti mism@ que casi no sabrás qué hacer con este sentimiento. Te podría resultar muy difícil albergar este sentimiento si no estás acostumbrado a amarte a ti mism@, y la mayoría de personas, tristemente, no lo están. Simplemente quédate con el sentimiento que surja y abrázalo suavemente.

Continúa mirándote a los ojos más y más profundamente. Si utilizas un espejo de mano, puedes estar sentado cuando lo hagas. Después de mirarte profundamente a los ojos, solo quédate con el sentimiento que sigue. Muy a menudo te sentirás fusionado con la Esencia, con Dios. Esto podría durar sólo un momento o, si eres plenamente consciente, incluso el resto del día.

Si tienes un compañer@ de vida o un amig@ al que sientas muy cercano, puedes también intentar una variación de este proceso y mirar profundamente a los ojos del otr@. De nuevo, no desvíes la mirada, incluso si este mirar profundo se vuelve incómodo. Pronto pasará, disolviéndose en una suavidad y resplandor interior a medida que sientes cómo te fusionas con el Ser del Otro. Lo que ves cuando miras profundamente a los ojos de ti mismo o de otro es el alma. Es tu propia alma o el alma de quien tienes delante. Los ojos son las ventanas del alma. Simplemente maravilloso. 

Si miras a alguien a los ojos, o si miras a tus propios ojos, y esperas ver ahí a Dios, lo verás. Si no, no lo verás. En cualquier caso, sin embargo, te volverás completamente presente. Y estar completamente Aquí y Ahora es una forma muy efectiva de deshacerse de las distracciones y las divagaciones de la mente, y llevarte a ti mism@ a una experiencia mucho más elevada de la vida que estás viviendo.

No puedes mirar a los ojos de cualquier criatura viva sin volverte plenamente presente. Eso incluye a tu perro, a tu gato, incluso a un animal salvaje –un león, un tigre o un oso-, y comprueba si no te sientes completamente presente.

Cuando te vuelves plenamente presente de esta forma con otro ser vivo, puedes perfectamente empezar a amarlo. La gente se enamora de sus animales domésticos, y este sentimiento es muy real.

Es especialmente difícil mirar a otro ser humano a los ojos durante cualquier período de tiempo sin empezar a enamorarse. Es por esto por lo que las personas desvían la mirada unas de otras tan rápidamente.

No se atreven a mirarse directamente a los ojos por mucho tiempo. El amor que seguirá las abrumará. Sin embargo, es porque no saben qué hacer con ese amor por lo que se abruman. 

En el momento en que te entregues al amor y lo dejes guiarte exactamente a donde tu alma quiere ir, no tendrás ninguna dificultad. Toda la lucha cesará y conocerás la Unidad/Dios. Esto es lo que pasa en el Momento de la Fusión. Esto es lo que ocurre en el tiempo de la Total Inmersión con la Esencia. Es una forma muy sanadora de empezar el día o de terminarlo.

O de terminar una vida, me parece. Estás diciendo que hay gente que puede experimentar esta fusión, este disolverse en la Unidad, durante su vida física pero que toda la gente experimenta esto en el momento de su muerte?

Nadie está excluido, nadie está descalificado, nadie es relegado.

¿Qué pasa con aquellos que no creen que suceda?

La creencia no crea tu experiencia después de la segunda etapa de la muerte.

¿Qué la crea?

El deseo. Las tres etapas de la muerte están diseñadas para hacerte pasar, suavemente y tan rápido como quieras moverte, a través del proceso de reidentificación.

En la segunda etapa de la muerte todavía te identificas con tu mente y por eso tu experiencia está dictada por lo que está en tu mente. Tus creencias crean tu experiencia.

Una vez que abandonas esta identidad, tu experiencia es creada no por lo que crees, sino por lo que deseas. Este es el principio de tu experiencia llamada cielo.

Estos tres estados de la muerte puedes experimentarlos incluso cuando estás vivo.

Espera un momento. Sé que has dicho que podía experimentar el Momento de Fusión mientras estoy vivo, pero no había oído que dijeras esto.

Estamos hablando de la misma cosa. Estamos hablando de la muerte de la idea de separación. Eso es lo que pasa en el momento de tu muerte física, y puede ocurrir en cualquier momento.

Las tres etapas de la muerte son simplemente los Tres Pasos de Reidentificación. Estos son:

1. Liberarse de la identificación con el cuerpo.
2. Liberarse de la identificación con la mente.
3. Liberarse de la identificación con el alma.

Pero, si no nos estamos identificando con ninguno de esos aspectos de nosotros mismos, ¿con qué nos estamos identificando?

Con nada.

¿Con nada? ¿No nos estamos identificando con nada en absoluto?

Con nada en particular. Tan pronto como piensas que eres algo o que no lo eres, entonces empiezas a imaginarte a ti mismo como algo limitado. Sin embargo, la Esencia no es de ningún modo limitada. En el Momento de Fusión te identificas con el Todo, lo que significa que no te identificas con nada en particular. Con nada en absoluto.

Buda entendió esto perfectamente, y lo consiguió. Muchos maestros lo han conseguido. La mayoría de la gente no lo consigue durante su vida. Todas las almas consiguen esto cuando se mueren. Para eso existe la muerte.

Entonces esto no es algo que podría suceder; sino algo que realmente sucede, para todos cuando dejan su cuerpo.

Sí. Y la tercera etapa de la muerte te encuentras con la maravillosa perfección de quien eres, visto a través de los ojos de Dios.

Eso suena maravilloso. Simplemente…maravilloso.

Y no habrás visto nada todavía. Esta fusión con la Esencia no es el final del asunto. De hecho, es justamente lo contrario. Es el principio.

No hay sufrimiento de ningún tipo en el Más Allá. Puedes permanecer fusionado con la Esencia todo el tiempo que quieras, pero, como hemos explicado, no querrás quedarte ahí para siempre, porque perderías la capacidad de conocer el éxtasis de la experiencia.

El tremendo cambio de energía que experimentarás durante la Inmersión Total te propulsará fuera de la Esencia, renovado y re-creado como la identidad que recuerdas, y te colocarás en el medio del Centro de tu Ser.

Imagina ahora una habitación grande donde las partes del mural que miraste, cuando venías por el Pasillo del Tiempo justo después de morir, están montadas en las paredes. El mural completo no está ahí, sólo las partes del mural, sólo las secciones de toda la pintura en las que te enfocaste cuando te desplazabas por el Pasillo.

Estas imágenes cuelgan ahora de las paredes como una exposición de arte y tú caminas por esta “galería de arte” lentamente, examinando las imágenes una por una. Cuando exploras estas pinturas profundamente, experimentas todo lo que está pasando en la pintura. No sólo lo que te está pasando a ti, sino también lo que les está pasando a los demás en el cuadro.

Estas imágenes representan cada uno de los momentos de tu vida, y ahora, examinándolas, tienes por primera vez un cuadro completo de todo lo que está pasando en cada momento.

Esto, a menudo, no es lo que pensabas que estaba pasando, y siempre es más de lo que te habías imaginado.

La que sigue es una historia de una persona real en nuestro mundo físico, para comprender en mayor profundidad de lo que se está hablando aquí.

**Esta es la historia contada por Elizabeth Everitt, del Reino Unido:

Hola querido,

Te prometí durante el fin de semana en Bristol que te escribiría mi historia, así que aquí va. ¿Estás sentado cómodamente?

Tenía veinticinco años y por primera vez en mi hasta entonces tumultuosa vida me sentía verdaderamente afortunada y contenta. Había conocido al hombre de mis sueños (después de haber besado a demasiados sapos) y estaba embarazada de siete meses y medio de nuestra profundamente deseada hija. Me enfermé de algo que parecía una gripe y me internaron en el hospital.

Me di cuenta rápidamente de que tenía varicela y estaba aterrada porque, por casualidad, yo también trabajaba en ese hospital como partera y había visto los tres últimos casos parecidos al mío terminar en cuidados intensivos. Sabía que tratamiento necesitaba y sabía que lo necesitaba ya.

A pesar de estar en una condición pésima, intenté hacerme cargo de mi propia salud y les insistí a colegas reticentes para que me tomaran en serio, pero en una negra comedia de enredo, ellos esperaron sin hacer nada, no me creyeron, me diagnosticaron mal, no me prestaron la atención que debían y me sobremedicaron, dándole la oportunidad a la varicela de extenderse rápidamente e infectarme los pulmones.

Siempre vigilantes y observadores, mis colegas pensaron que sería útil comprobar mis noveles de oxígenos después de que me hubiese puesto azul, y hubo asombrados suspiros cuando el oxímetro anunció que el nivel estaba en el 64%. Entonces se armó un tremendo revuelo, ya que nadie podía entender por qué no estaba ya muerta.

Me llevaron a toda velocidad por el hospital hasta el quirófano mientras un colega anestesista me susurraba gravemente al oído: “Los gases de tu sangre son desastrosos. Tendremos que hace nacer a tu bebé para salvarte la vida. Lo siento, ¿entiendes lo que te estoy diciendo?. Aparentemente yo no dije nada, pero recuerdo claramente que grité (obviamente en mi mente: “Por supuesto que sé lo que me estás diciendo. ¡Se lo dije hace una semana, atajo de necios incompetentes!”

Por lo menos diez compañeros de trabajo se abalanzaron sobre mí en cuestión de segundos. Empujaron, pincharon, clavaron y desgarraron, en una preparación frenética para una cesárea de emergencia. Jamás había sentido semejante terror o semejante convicción de que “esto se acabó”. El sentido de autopreservación era tan alto que no le presté la menor atención al hecho de que no podían encontrar el latido del corazón de mi bebé. “¿Y yo qué? Me estoy muriendo, ¡Por amor de Dios, ayúdenme, por favor!”, gritaba yo una y otra vez, aparentemente de nuevo en mi mente.

El anestesista, claramente nervioso, se inclinó y susurró con compasión: “Por amor de Dios, cálmate, en un minuto te quedarás dormida”, y después otra vez mientras yo lloraba amargamente: “¡Y para de llorar, tus membranas mucosas ya están lo suficientemente inflamadas, para que tú nos hagas aún más difícil intubarte!”. Administró la anestesia y, asumiendo que ya había hecho efecto, anunció a todo el mundo que, a pesar de lo que parecía, no había prisa porque el cirujano estaba “todavía comiéndose un sándwich…”.
Deshecha, aterrorizada, desesperada y sola, sucumbí a los efectos de la anestesia creyendo que moriría y que a nadie le importaba un bledo.

Me desperté (aunque aparentemente no lo hice) brevemente después de la operación para encontrarme a mí misma “estacionada” en cuidados intensivos. Había muchos trabajadores con cara de preocupación y moviéndose muy ocupados a mi alrededor, pero era como si todos estuvieran desenfocados; todo excepto una, que estaba claramente a mi izquierda y llevaba un uniforme blanco, almidonado, ligeramente pasado de moda. Me sonrió y me habló con una voz suave y tranquilizadora: “Bueno, bueno, vas a dejar que esta gente haga lo que tenga que hacer. Está bien. Saben lo que están haciendo. Estás a salvo conmigo. Ahora duerme”.

Aliviada por haber sobrevivido a la operación y tranquilizada por su implacable calma, me permití volverme a “dormir”. Casi inmediatamente tuve la sensación de estar siendo succionada por una especie de vórtice.

¿Qué demonios era esto? Según yo me metía en el remolino sentía las punzadas de docenas de flashes repentinos de experiencias. Cada flash hacía una pausa en el torbellino durante la que parecía un segundo y una vida entera al mismo tiempo. En un flash yo era apuñalada, en otro atropellaba a un perro y en otro estaba escapándome, corriendo por un campo pantanoso, con gas mostaza que me quemaba los pulmones, consciente por una décima de segundo de que cada molécula de mi cuerpo físico estaba saliendo disparada en todas direcciones por una explosión.

Estos flashes no se presentaban simplemente como imágenes, eran revividos. Podían saborear, oír, oler y ver todo. No tenía un recuerdo consciente de nada de esto, y sin embargo, sabía con certeza que cada uno de estos eventos me había ocurrido a mí en algún momento y de alguna forma.

La montaña rusa seguía y después, tan de repente como empezó se detuvo. Toda sensación desapareció, no había literalmente nada. Negrura. Inicialmente me sentí aliviada. “Gracias, gracias, gracias”, dije en voz alta. El miedo retrocedió y yo empecé a sopesar mis alrededores. Negro. Nada. Esperé. Nada. Silbé, me reacomodé e hice “hhhmmm” en mi mente. Nada. El pánico empezaba a infiltrarse y yo a preguntar:

“Oh, Dios Mío. ¿Estoy muerta? ¿Es esto? Realmente, después de todo eso, ¿Una eternidad de nada, excepto yo?”. Pánico en aumento. Todavía, nada. Pánico y enfado en aumento “¿Qué pasa, ni una luz brillante, ni una guía para facilitar mi transición? ¿Dónde está mi padre? ¡Lo mínimo que podía haber hecho era asomarse por aquí? Oh, vamos. No Ayuda. Por favor. ¿Qué demonios hice? ¿Estoy muerta? ¿Dónde están los demás? Oh, Dios, no por favor. Quiero ver a mi bebé. ¿Qué pasa con mi bebé? ¿Está muerta? POR FAVOR. Estoy suplicando, no quiero morirme”.

Nada. Finalmente, me quedé callada y en un estado de insensible calma.

¿Qué te hace pensar que estés muerta?

Mis orejas inconscientes se aguzaron. Recompuse como pude mi ser inconsciente. Espera, reconocí la voz de la enfermera que estaba a un lado de mi cama. “Gracias a Dios, ¿Dónde has estado? ¿Dónde demonios estoy?¿Cómo salgo de aquí?

¿Qué te hace pensar que estés muerta?

“Sí, sí. De acuerdo. Lo entiendo. No estoy muerta porque puedo oírte ¿Qué pasa? ¿estoy teniendo una extraña reacción a la anestesia?” Suspira dramático…

¿Qué te hace pensar que estés muerta?

Vaaaaale. Esto es bien raro. ¿Quién eres y por qué sigues preguntándome eso?

“Tú me preguntaste. Entonces ¿Qué te hace pensar…”.

Y entonces comenzó una discusión agotadora, que pareció durar días. A medida que yo despotricaba y vociferaba diciendo que no había derecho, que era injusto y cruel que yo estuviera aquí, dondequiera que el maldito “aquí” fuera, ella se oponía a todos mis argumentos. Ella cuestionaba mi derecho a vivir, preguntando qué me hacía a mí más especial que al cualquier otro. Yo estaba incandescente de ira porque no podía de ninguna forma convencer a esta pesada maníaca.

Y entonces empezó el libro de dibujos animados. Sabes, exactamente como el libro de dibujitos que haces en secuencia y después sosteniendo las hojas con el pulgar las dejas pasar rápidamente y tu dibujo se anima. Al empezar reconocí a los personajes de la película. Esto era mi vida. “¡Ajá”. Hice una mueca de desprecio: “Qué trillado… debo de estar muerta si mi vida está pasando en flashes ante mis ojos”. No hubo respuesta, sólo el suspiro profundo y pum!!

Fui penetrada hasta lo más profundo de mi alma al sentir de lleno el impacto de cada cuadro. Pasaban rápidos como en un parpadeo y sin embargo juro que sentí la fuerza completa de cada momento, no simplemente como si yo lo estuviera reviviendo sino como si cada alma afectada por ello lo estuviera reviviendo también a través de mí.

Este no era el catálogo de momentos de mi vida que yo habría compilado si lo hubiera pensado conscientemente. Había muy pocos acontecimientos transcendentales fácilmente recordables. Esto no era mi autobiografía retocada. Gran parte del tiempo las imágenes iban ordenadas por fechas desde el nacimiento hacia delante, pero había veces en que los acontecimientos estaban conectados de alguna formal y las imágenes andaban a tumbos hacia delante o hacia atrás en el tiempo, dándome un entendimiento completo de las consecuencias del pensamiento, acción o hecho en cuestión.

Había recuerdos sacados del espectro completo de emociones, lo que ahora reconozco como momentos en que tuve la oportunidad tanto de mostrar como de que se me mostraran aspectos de la divinidad. Me di cuenta de que la mayor parte del tiempo no eran las ocasiones altamente dramáticas de mi vida lo que tenía el mayor impacto. Era el efecto de los acontecimientos aparentemente sin importancia que a través del tiempo continuaban en una onda expansiva. Del dolor y la congoja producidos por un malicioso comentario casual a la espontánea alegría de cuando por primera vez logré montar en mi bicicleta sin las rueditas.

Recuerdo la emoción y la autenticidad de cada cuadro como si estuviera ahora grabado en mí, pero me cuesta recordar con claridad los detalles específicos de los acontecimientos que estaban relacionados. Es como si el acontecimiento físico perdiera su significación una vez que su valor era entendido. Según lo recuerdo ahora, nunca me sentí juzgada y nunca me juzgué a mí misma; simplemente entendí que había visto a mi verdadero ser.

Una vez que terminó el libro de los dibujos animados, estaba literalmente exhausta. Todavía me aferraba a la idea de que tenía que ganar la discusión, de que tenía que demostrar mi derecho a vivir, y sin embargo el libro se había quedado con casi toda mi energía y sólo me quedaba para seguir luchando un desesperado deseo de tener a mi hija en brazos y estar con mis seres queridos.

Incluso ese ardiente deseo se había atenuado por las secuelas de este recuerdo de mi vida entera. Intenté discutir, pero mi corazón no estaba ahí. Cada declaración o pregunta era descalificada por una respuesta perfecta. Finalmente dije lloriqueando: “¿Sabes qué? Tú ganas. No puedo luchar más. No tengo nada más que dar. Me rindo”.
Casi antes incluso de haber pensado esta palabras, sentí un alivio inmediato. La sanación que amargamente había pensado que no había dado fruto inundó mi existencia y literalmente me envolvió en una capa protectora de apoyo incondicional. Me nutría, me reafirmaba y me daba energía, y era como si todas esas almas maravillosas estuvieran ahí mismo conmigo sosteniendo mi propia existencia en sus brazos y manteniéndome segura.

De pronto fui arrebatada de ese lugar maravilloso a una experiencia fenomenal. No tengo ni idea de cómo, pero tuve la experiencia de estar sobrevolando un paisaje de montañas con sus cumbres nevadas, lagos inmensos, bosques y praderas. Sobrevolé y pasé una tribu de indios nativos americanos, que no se parecían a nada que yo hubiera visto en fotografía o descrito anteriormente. Vi a una madre mirando a sus hijos con un orgullo tan sereno que era conmovedor y después seguí volando hasta la cima de una imponente montaña en la distancia. Justo en la cima me quedé cara a cara con lo que yo asumí que sería un guía. Era un jefe de una tribu y mientras miraba yo su cara llena de arrugas, en la que se veía toda una vida, y era capturada por su mirada, lo que me quedaba de desesperación se disolvió. Sentí cada fibra de mi cuerpo que él me estaba ayudando a darme cuenta de una verdad absolutamente profunda, pero todo lo que puedo recordar conscientemente es que me dijo: “Debes ser paciente, pero ustedes serán tres”.

Y en ese instante me dormí y aparentemente me desperté al instante en Cuidados Intensivos, y ¡entonces empezó la parte difícil! Me dijeron que había estado inconsciente durante nueve días en un estado de cómo medio natural, medio inducido por la medicación. Varias de mis enfermeras me dijeron que había sufrido dos paros respiratorios durante ese tiempo y que necesité el apoyo total de un ventilador mecánico esas dos veces.

Lo más interesante para mí, sin embargo, fue un período de aproximadamente seis horas durante las cuales mi corazón se quedó atascado de forma inesperada en un ritmo disfuncional llamado fibrilación auricular. Mi corazón estaba latiendo tan rápido durante ese tiempo que era como si estuviera literalmente parpadeando, igual que mi libro de dibujos animados. Este parpadeo nunca empeoró o mejoró mi condición física, y no respondió a ninguna medicación que se le dio para resolverlo.

Para gran sorpresa de los médicos la fibrilación repentina e inexplicablemente se resolvió sola. En este momento, una de las médicas de pronto recordó un hecho de un caso previo que ella había tratado e inició el curso de tratamiento que sin duda me salvó la vida. Creo que una vez que “me rendí” y que la sanación me inundó, mi cuerpo se permitió a sí mismo responder e información vital les “fue dada” a los médicos. Mi mente, cuerpo y alma se estaban realineando, justo como el jefe de la tribu había prometido: “Debes tener paciencia, pero ustedes serán tres”.

Mi hija, Libie, está viva y muy bien, llena de energía. Yo estaba viendo un programa en la TV cuando vi el paisaje exacto que había sobrevolado. Investigué dónde fue filmado y vamos a ir a visitarlo en agosto. He descubierto muchos hechos sobre el área que me hacen pensar que hay gente y recursos que me ayudarán a continuar con el proceso de sanación. (fin)

¿Cuán cerca estuvo la experiencia de Elizabeth de lo que realmente sucede después de la muerte?

Es lo que le pasó a ella, a medida que se adentraba más y más en el pasaje entre la vida física y el reino espiritual. Como dije anteriormente en nuestra conversación, la experiencia es diferente para cada uno en muchos sentidos, y hay algunas cosas que ocurren en todos los casos. El “recuento de la vida” es una de ella.

Pero el recuento de la vida suena como si pudiera ser doloroso. Quiero decir; algunos momentos de mi propia vida podrían ser desagradables, bien por algo que yo experimenté, bien por lo que ahora me doy cuenta de que causé que alguien experimentara. 

No hay dolor ni incomodidad en absoluto. Recuerda que en la segunda etapa de la muerte abandonaste tu sentido de identidad personal con tu mente y con los pensamientos que tenías en ella sobre ti mismo. En la tercera etapa te fusionas con la Unidad.

Ahora prosigamos, estás en la tercera etapa de la muerte, has pasado a través del Momento de Fusión, y mientras experimentas ahora por completo el Centro de tu Ser, ves todo lo que hay en la “galería de arte”, todas la experiencias de tu vida, y puedes mirarlas objetivamente, como si estuvieras ojeando un libro de fotografía o viendo una película o estudiando una gran obra de arte: eso es cada experiencia. Estudias cada momento hasta que sientes que lo entiendes. Después avanzas hasta la siguiente imagen, el siguiente momento, la siguiente “pintura”.

De esta forma avanzas a través y alrededor de la galería entera; te aseguras de que has visto la colección completa. Cada momento es importante para ti, porque te das cuenta, mientras examinas los momentos individuales de tu vida, que esos momentos son lo que usaste para crear tu experiencia de Ser; y pronto vas a decidir cómo deseas re-crear tu Ser de nuevo.

De acuerdo, espera un minuto. Hay algo que me confunde. Sé que todo esto es una metáfora, y no realmente “como es”…

…describir “cómo es” sin usar una metáfora lo haría virtualmente incomprensible para ti.

Entiendo. Pero, aun sabiendo que esto es una metáfora, tengo que “desarmarla” un poco. Hay una cosa que no me queda clara. Creía que “recuperaba” mi identidad cuando emergía de la Esencia, cuando terminaba mi “reunión con Dios”. Si no, ¿cómo sabría “quién soy”?

Lo sabes.

Entonces, ¿Cómo es que puedo pasar por este “recuento de la vida” –mirar todos estos cuadros de momentos de mi vida que acabo de vivir- y no sentir nada? He hecho algunas cosas feas, siento decirlo. Y algunas cosas lindas, también. ¿Cómo es que, si he recuperado la identidad que abandoné en las primeras etapas de la muerte, no tengo sentimientos de tristeza o alegría o sufrimiento sobre eso?

Cuando termina tu “reunión con Dios”, recuperas tu conciencia de la identidad limitada que tuviste en tu vida pasada, es verdad, pero no vuelves a asumir esa identidad. En vez de eso, experimentas tu Ser como mucho más grande que eso, mucho más ilimitado.

Pero, ¿por qué molestarse? ¿Por qué dejar alguna vez el Centro? Parte de mí sigue preguntándose, aun después de todas estas explicaciones: ¿Por qué no me quedaría inmerso para siempre? ¿No sería eso el “cielo”?

Es la naturaleza de la Vida expresarse a sí misma. Eso es lo que hace la Vida. No puede no haber esto, o no sería. Ahora cambia la palabra vida en la frase anterior. Nota que la vida puede también llamarse Dios, Eso Que Es, la Esencia, la Energía o comoquiera que desees llamarla.

Uses la palabra que uses, todavía estás hablando de la Vida. En el proceso de autoexpresión, la Vida “se expresa” a Sí Misma muy literalmente. Es decir, Se empuja hacia fuera desde Sí misma, para poder Conocerse a Sí Misma en Su Propia Experiencia.

Hay muchas cosas aquí.

Tómatelo despacio. Tómatelo con calma. Considéralo pensamiento por pensamiento, concepto por concepto.

1. En el proceso de autoexpresión, la Vida “se expresa” a Sí Misma muy literalmente.
2. Expresar significa empujar hacia fuera. La vida se empuja hacia fuera desde Sí Misma.
3. En cierto sentido, se da nacimiento a Sí Misma como un aspecto de Sí Misma.
4. Hace esto para poder Conocerse a Sí Misma en Su Propia Experiencia.

Eso es lo que realmente significa nacer otra vez.

Eso es exactamente lo que significa.

Y yo “nazco otra vez” y me alejo del Centro para –en tus palabras, ahora poder “llegar a Conocer” lo que me encontré en el Centro “como real”, a través de la perspectiva de la distancia.

Bueno, lo has expresado perfectamente. En esto consiste el proceso de la muerte, y del nacimiento. Constantemente te estás acercando y alejando del Centro de tu Ser. Para poder Conocer y Experimentar la verdadera naturaleza de Quien Eres. Usas la distancia para Conocer y Experimentar la Totalidad como expresiones de Sí Misma singulares y diferenciadas. Porque cuando la Totalidad es la Totalidad, experimenta sólo la Totalidad, y ninguna de sus partes constituyentes.

¿Qué pasa si no puedo ser mejor de lo que acabo de ser? ¿Qué pasa si he experimentado total maestría en esta vida que acabo de vivir? ¿Entonces qué? ¿Terminará el ciclo?

No. Simplemente redefinirás maestría.

Subiré los parámetros.

Sí.

Para que el juego pueda continuar. Para que el proceso pueda continuar.

Sí. Es el deseo y la naturaleza de la Vida producir más Vida, y producirla más abundantemente. Todo crece, y el final de la evolución no existe. Recuerda eso siempre, El final de la evolución no existe.

Buscas recrearte a ti mismo de nuevo, como hace toda la Vida, entrarás en el reino espiritual, en el que llegarás a conocer y comprender más de Quien Eres y quien eliges ser, después regresarás al Centro de tu Ser y otra vez fuera para meterte en el mundo físico, viajando por el mismo Pasillo del Tiempo de forma diferente, o por un Pasillo diferente completamente, para que puedas Saber en tu Experiencia en qué consiste ser lo que has elegido ser.

Pero, ¿cómo llegaré a saber quién quiero ser? No entiendo eso. ¿Cuándo elijo eso?

Elegirás eso cuando respondas a la Pregunta Santa.  

Continúa en… 

NUESTRA ELECCIÓN DESPUÉS DE LA MUERTE (PROCESO IV) 


2 comentarios:

  1. gracias por la publicacion,es justo lo que yo creo sobre la vida y la muerte pero me queda una duda que no veo que se comente y es que pasa sobre las personas que durante la vida fisica actuaron con maldad.

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    1. Esta es una serie de varias publicaciones sobre el proceso de morir. Esta todo abarcado, hasta donde recuerdo. Aconsejo leer este tipo de publicaciones en su orden, siempre que sea posible, asi se comprenden mejor y se obtiene el maximo beneficio. Muchas gracias por tu comentario.

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