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jueves, 19 de febrero de 2026

LAS MUERTES QUE DEBEMOS AFRONTAR

Se dice que el despertar es una especie de peregrinaje, una distancia que el alma debe recorrer con fatiga. Nada más alejado de la realidad. No hay lugar al que dirigirse, pues uno ya se encuentra en aquello que persigue.

La mente, en su afán narrativo, crea un yo espiritual que progresa, que se depura pero ese yo es precisamente el velo que empaña el cristal. El despertar no es un destino, sino el colapso de la creencia de que alguna vez hubo un camino que recorrer. Esperamos con impaciencia un estallido de luces, un éxtasis místico o una unión cósmica. Sin embargo, este tipo de fenómenos no son sino accidentes en el teatro de la conciencia. Lo que aparece y desaparece no puede ser la Verdad. Somos el lienzo, no el óleo; la pantalla, no la película. El despertar es la conciencia inmutable en la que surgen y se desvanecen tanto el dolor como la felicidad. Es un reconocimiento tan sutil y cotidiano que el buscador, cegado por la grandilocuencia, suele pasarlo por alto.

Se nos ha hecho creer que el despertar nos transformará en versiones angélicas de nosotros mismos. Craso error. El despertar no es una mejora del yo, sino el reconocimiento de que ese yo no necesita mejorar nada. No se trata de pulir la estatua, sino de comprender que la piedra es una ilusión. La verdadera libertad no significa ser mejores, sino el cese de la resistencia a lo que es, permitiendo que la totalidad se exprese sin el lastre de una identidad que tengamos que proteger.

La mente es una experta en el arte de la dilación: despertaré tras este retiro, cuando sane mis heridas o en la próxima vida, y esta es la mayor de las trampas. La espera es una construcción del pensamiento que solo ocurre en el ahora. Qué hay en este preciso instante que haga imposible la felicidad?? La consciencia que contempla estas palabras no necesita tiempo para ser consciencia porque ya es íntegra, ya es vasta, ya es eterna.

Deseamos recibir un sello final, una rúbrica que nos asegure que ya estamos iluminados. Pero, ¿quién recibiría ese diploma tan anhelado?? Si el sujeto separado se disuelve en el despertar, no queda nadie para reclamar el triunfo. El despertar es una relajación absoluta, un abandono de la necesidad de ser alguien especial. Es habitar en ese no saber que no es ignorancia, sino la transparencia misma del ser.

Las palabras solo sirven para señalar hacia el silencio que las sostiene. Tú no eres una persona que un día despertará, sino que eres la luz en la que esa persona aparece. Descansa en esta evidencia, pues el silencio entre estas frases dice más que la elocuencia de cualquier discurso. Que estas palabras sean para ti, no un puerto de llegada, sino un umbral que cruzar.

 


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