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martes, 6 de marzo de 2018

LAS NINFAS - LOS DISTINTOS TIPOS DE NINFA

La mitología griega es una de las más interesantes, conocidas y estudiadas del mundo. En ella, una ninfa es un miembro de un gran grupo mitológico de espíritus femeninos de la naturaleza, a veces unidos a un lugar u orografía particular. Espero que os agrade.

Las ninfas solían acompañar a varios dioses y diosas, y eran con frecuencia el objetivo de sátiros lujuriosos. El hogar de las ninfas está en las montañas y arboledas, en los manantiales y ríos, en los valles y las frías grutas. Con frecuencia son el séquito de divinidades superiores: de Artemisa la cazadora, de Apolo el profeta, del juerguista y dios de los árboles Dioniso, y también de dioses rústicos como Pan y Hermes, dios de los pastores.

Vamos a ver los distintos tipos de Ninfas conocidos hasta el día de hoy.

Nereidas (hijas de Nereo, del mar mediterráneo).
En la mitología griega, las Nereidas eran las cincuenta hijas de Nereo y de Doris. Representaban todo aquello que hubiese de hermoso y amable en el mar. Cantaban con voz melodiosa y bailaban alrededor de su padre. Se las representa coronadas por ramas de coral y portando el tridente de Poseidón, de cuyo séquito formaban parte.

Alseides (flores).
En la mitología griega se le llama alseides a las ninfas que habitan las flores. Este tipo de ninfas suelen verse identificadas con la imagen típica de las hadas, aunque las alseides muestran una actitud vengativa cuando sus espacios naturales son profanados por humanos.

Néfeles (ninfas de las nubes y la lluvia). 
En la mitología griega las Néfeles eran las ninfas de las nubes y la lluvia. Se las representaba, al igual que a sus hermanas las náyades, como hermosas jóvenes que vertían el agua de sus cántaros desde el cielo.

Hamadríades (árboles). 
En la mitología griega, las Hamadríades son las ninfas de los árboles. Son parecidas a las dríades, salvo porque están relacionadas con un único árbol y mueren si éste se corta. Por esta razón, las dríades y los dioses castigaban a los mortales que dañaban a los árboles.
Náyades (habitualmente de agua dulce). 
En la mitología griega, las náyades eran las ninfas de los cuerpos de agua dulce —fuentes, pozos, manantiales, arroyos y riachuelos—, encarnando la divinidad del curso de agua que habitan, de la misma forma que los oceánidas eran las personificaciones divinas de los ríos y algunos espíritus muy antiguos habitaban las aguas estancadas de los pantanos, estanques y lagunas, como en la Lerna premicénica de la Argólida.

Océanides (hijas del Océano; cualquier agua, normalmente salada). 
En las mitologías griega y romana las Oceánides eran unas ninfas hijas de Océano y Tetis. Cada una de ellas estaba asociada a una fuente, estanque, río o lago. Eran hermanas de los Oceánidas (o Potamoi), dioses de los ríos.

Auloníades (pastizales). 
Las auloníades (del griego clásico αύλών aulon, ‘valle’, ‘quebrada’) eran las ninfas que podían hallarse en los pastos de las montañas y los valles, a menudo en compañía de Pan, el dios de los pastores y los rebaños.

Oréades (montañas, montes; forman el cortejo de Artemisa). 
Según la mitología griega, las Oréades son las ninfas que custodian y protegen las grutas y las montañas. Una de las oréades más famosas fue Eco que, privada por la diosa Hera, de la facultad de hablar, sólo podía repetir las últimas palabras de lo que se le decía.

Limnátides (lagos). 
En la mitología griega, las Limnátides o Limnades eran un tipo de ninfa. Vivían en lagos y ciénagas peligrosos.

Hespérides (jardines). 
En la mitología griega las Hespérides eran las ninfas que cuidaban un maravilloso jardín en un lejano rincón del occidente, situado según diversas fuentes en las montañas de Arcadia en Grecia, cerca de la cordillera del Atlas en Marruecos, o en una distante isla del borde del océano.

Trías (ninfas proféticas de la miel). 
En la mitología griega, las Trías eran las tres ninfas hermanas que vivían en el Parnaso y eran las ninfas que presidían la adivinación mediante guijarros (ϑριαί) que se arrojaban a una urna. En el Himno homérico IV a Hermes, Apolo dice haber tenido como maestras de adivinación a tres muchachas-abejas, que los estudiosos del tema identifican con las Trías. En un principio estas ninfas criaron al dios Apolo, a cuyo servicio quedaron luego... Son ninfas aficionadas a la miel, que les ofrecían quienes venían a consultarlas.

Corícides o Coricias (cuevas, son las musas clásicas). 
En la mitología griega las musas eran, según los escritores más antiguos, las diosas inspiradoras de la música y, según las nociones posteriores, divinidades que presidían los diferentes tipos de poesía, así como las artes y las ciencias. Originalmente fueron consideradas ninfas inspiradoras de las fuentes, cerca de las cuales eran adoradas, y llevaron nombres diferentes en distintos lugares, hasta que la adoración tracio-beocia de las nueve Musas se extendió desde Beocia al resto de las regiones de Grecia y al final quedaría generalmente establecida.

Dríades (bosques). (Éstas son de las más conocidas e interesantes).
Las Dríades son las ninfas de los robles en particular y de los árboles en general (las ninfas terrestres a la vez se dividían en clasificaciones). Estas surgieron de un árbol llamado “Árbol de las Hespérides”. Algunas de ellas iban al Jardín de las Hespérides para proteger las manzanas de oro que en él había. Las dríades no son inmortales, pero pueden vivir mucho tiempo. Entre las más conocidas se encuentra notablemente Eurídice, la mujer de Orfeo, y Dafne que fue perseguida por Apolo y los dioses la convirtieron en árbol de laurel.

La tradición tardía distingue entre Dríades y Hamadríades, considerándose las segundas asociadas específicamente a un árbol, mientras las primeras erraban libremente por los bosques. En griego, dríade significa roble, por lo que en esta mitología se relacionaban especialmente con los robles.

Eran árboles con forma femenina, solitarios y de gran belleza. Físicamente tienen unos rasgos delicados muy semejantes a los de las elfos (ninfas y elfos eran algo similares en los rasgos). Pueden tener los ojos de color violeta o verde oscuro y su cabello y piel cambian de color según la estación. De esta forma pueden camuflarse en el bosque sin ser vistas. En el invierno su pelo y piel son blancos, en otoño rojizos, y en primavera y verano tienen la piel muy bronceada y el pelo verde.

Cada dríade pertenece a un roble del bosque, ya que quedan unidas a su árbol de por vida y no pueden alejarse de él más de 300 metros o mueren lentamente. Son capaces de penetrar literalmente en un árbol y desde su interior transportarse al roble al que pertenecen. Si alguien golpea al roble al que está unida, ésta recibe físicamente el mismo daño, por lo que intentará defenderlo a toda costa.

Una dríade tiene absoluto control sobre el árbol al que está ligada, por lo que es capaz de provocar que sus ramas florezcan aunque no sea temporada, que aparezcan nuevas plantas alrededor del árbol e incluso puede provocar un crecimiento de hierba repentino que haga tropezar a los intrusos.

Hablan varias lenguas y su gran inteligencia les permite comunicarse con casi todos los seres del bosque, además, hablan el lenguaje musical y el de las plantas. No son nada agresivas, sólo atacan si son atacadas, y se defienden hechizando a sus asaltantes. El hechizo de una dríade tiene un gran poder y sólo los humanos o seres con gran resistencia a la magia pueden evitarlo.

Ondinas (Agua dulce)
Estos seres no solo pertenecen a la mitología germano-escandinava, sino también a la cultura Wicca. Se llamaba así a estos seres que eran unas ninfas acuáticas de espectacular belleza. Habitan en lugares de aguas dulces: lagos mayoritariamente, ríos, estanques y fuentes. Estos seres en la mitología griega corresponderían a las ninfas acuáticas y dentro de esta categoría corresponden exactamente a las náyades. Es a partir del siglo XVIII se convierten es personajes literarios al surgir el auge del cuento fantástico alemán (“La ondina” de los hermano Grimm o “Ondina” de Friedrich de la Motte Fouqué) y que rápidamente se extendió por toda Europa.

En su formación son las fuerzas elementales del agua las que le dan vida al cuerpo femenino. Las ondinas tienen el cuerpo azulado o verde, los dedos de las manos y pies palmeados, las orejas puntiagudas y los cabellos muy largos y de color azul, amarillo o verde.

Pueden respirar tanto agua como aire. Las ondinas son criaturas muy alegres y traviesas, y se dice de su risa que es capaz de hechizar a los viajeros que se encuentran, hasta el punto de hacerles perder la voluntad. Las ondinas no son criaturas malvadas, su carácter es neutral, sin embargo siempre se ha pensado que son perversas debido a las miles de historias que se cuentan de cómo algunos pescadores han encontrado la muerte al tener cerca a una de ellas. Se divierten jugando con los humanos que andan cerca, y muchas veces mueven las aguas provocando unas enormes corrientes hasta que ahogan al pescador o viajero, acontecimiento que les resulta muy divertido. No siempre son conscientes del mal.

Algunas ondinas incluso se han llegado a enamorar de humanos, convirtiéndose a partir de ese momento en sus mayores protectoras. Una antigua leyenda cuenta que las ondinas no tienen alma, y que si encuentran una pareja humana con la que tener un niño encuentran también un alma, aunque a partir de ese momento el dolor y el sufrimiento son más intensos.

Leyenda Alsaciana sobre las Ondinas.

Ondina es la heroína de esta leyenda alsaciana. A su nacimiento todas las hadas del vecindario se reúnen en torno a su cuna y le proporcionan muchas cualidades. Su abuela, que también es hada, le proporciona una persistencia excepcional. Un día, Ondina es raptada por un joven noble que consigue enamorarla hasta tal punto que rehúsa ir a ver a su madre enferma. Como castigo, su abuela la condena a amar por siempre al joven noble. Este, cansado de ella, finge creer que ésta le ha engañado con otro. Le dice que no la creerá hasta que no le traiga un jarrón enorme lleno de agua del río Niddeck. 

Tras tres días de marcha llevando ese enorme peso, Ondina cae exhausta al agua mientras rellena el jarrón. Su abuela, el hada, va a rescatarla y para evitarle continuar sufriendo a causa del noble, la transforma en una ninfa protectora de las aguas del río Niddeck. Desde entonces, en los días de tormenta, se ve su reflejo en el agua de las cascadas del río.

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