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domingo, 18 de marzo de 2018

CREACION Y EVOLUCION - RAMTHA (CANALIZACION)

Sabias palabras de Ramtha, uno de mis guías preferidos. Con Él comparto muchas de las enseñanzas que me son transmitidas a través de mis Guías y Maestros. Bendecidas sean. Espero que os agraden. 

«Dios, el Padre, es el pensamiento compulsivo y contemplativo llamado vida, una continuidad que nunca puede detenerse, así como tampoco sus pensamientos pueden hacerlo. Para que el pensamiento, o la vida, sea una expansión siempre continúa hasta el infinito, debe tener una razón para continuar. La razón son ustedes. Cada uno de ustedes se convirtió en una parte de la mente de Dios, para que a través de ustedes, la vida pudiera continuar extendiéndose hasta el infinito, el cual, de hecho, no tiene medida en el tiempo, porque el infinito existe en este momento, es la continuidad y eternidad del ahora."
Ramtha.

¿Quién puso las luces en los cielos? ¿Quién diseñó el encanto de las flores y la magnificencia de los árboles? ¿Y quién creó el enigma y la maravilla llamada hombre? No fue Dios, la totalidad de la vida. Fueron ustedes, los dioses, los maravillosos hijos de un Padre amante de todo, quienes crearon todo lo que existe. Todo. El Padre es la sustancia, la masa de pensamiento de la cual vienen todas las cosas. Pero ustedes, que poseen la capacidad de pensar y la capacidad de sentir, y la divina esencia del libre albedrío, son los supremos creadores en la vida.

Dios es, en verdad, la totalidad del pensamiento, la fuente de todo lo que existe. Pero son ustedes quienes han tomado del pensamiento que el Padre es, y han creado todo el esplendor y el encanto de la forma creada. A través de su poder creativo y su soberanía de dioses, tienen la capacidad de aceptar, mantener, y contemplar el pensamiento; y a través de esa inteligencia han formado cada cosa que existe.

Imagina por un momento alguna fantasía, una fantasía que sea excitante, emocionante, volátil para tu ser. Ahora siente toda la emoción de esa fantasía. Es así como su universo fue creado, así fue creado el hombre, y así es como se crea cada cosa.

Mis amados maestros, ustedes son, en verdad, los creadores de toda la vida. Ustedes son quienes fabricaron las espectaculares estrellas que ven en sus cielos. Ustedes son quienes crearon las realidades de color, diseño, textura y olor. Ustedes son, en verdad, las magníficas criaturas de un Padre magnífico que es verdaderamente todo lo que existe. No son los bastardos del universo, son sus creadores. Son la suprema inteligencia de Dios expresándose en su propia creación llamada hombre; y toda la vida está ahí, esperando su presencia, su pensamiento, su sentimiento.

Ustedes, mis amados hermanos, son criaturas eminentes de proporciones divinas, que guardan latente dentro de sus seres la inteligencia y el poder de crear todas las cosas... y ni siquiera lo saben. Son más que criaturas de carne; son entidades extraordinarias expresándose a través de la forma, para así continuar con las capacidades creativas que existen dentro de ustedes.

Sin sus procesos creativos de pensamiento, su soberbia inteligencia, y la profunda emoción dentro de sus almas —sin todo lo invisible que existe en ustedes— no serían nada. Y sin sus capacidades creativas la vida tampoco sería nada, porque el pensamiento no podría propagarse para convertirse en los valores de vida o en la eternidad que aún tiene que ser vivida.

Sin sus valores creativos, nada sería reconocido por lo que es. ¿Cuál sería el sentido de la vida y la belleza de una flor si no hubiera nadie que apreciara su encanto? No tendría significado sin ustedes.

Sin ustedes, este lugar suyo sería sólo un planeta sin forma revolcándose en los espermas de la creatividad. Sin ustedes, nunca habrían existido las estaciones ni brotado las flores. Y el sol nunca hubiera salido, ni soplado los vientos; pues ustedes crearon este reino de acuerdo con sus propios designios y propósitos, y todas las cosas nacieron gustosamente para glorificar al Dios que yace dentro de todos ustedes.

¿Quién diseñó este magnífico lugar para que habitaran, sino ustedes? ¿No son acaso las criaturas de suprema inteligencia? Realmente lo son. Ustedes no evolucionaron hasta ese punto, siempre lo han sido.

Ahora, yo estoy aquí para enseñarles a convertirse en seres ilimitados, pero primero les voy a enseñar lo preciosos que son y lo mucho que valen. Para saber que son seres divinos, para entender la suprema inteligencia y el impresionante poder que poseen, es importante que entiendan cuál es su herencia. Es importante que entiendan cómo se convirtieron al principio, en chispas de luz de increíble poder, y cómo han evolucionado hasta convertirse en el enigma llamado hombre. Así pues, empezaré a explicar.

En su Libro de los Libros dice: «En el principio fue el Verbo y todo estaba en el Verbo». ¡De lo más inexacto! La palabra no era nada sin el pensamiento, pues el pensamiento es la base y el creador de todo lo que es.

En el principio, —en lo que tú llamarías el principio— sólo existía la infinitud del pensamiento; ahora, a la infinitud del pensamiento yo la llamaré Dios, el Padre. Lo que tú llamas Dios es, en un entendimiento más ilimitado, el pensamiento, la causa principal y el fundamento de toda la vida. Todo lo que es, siempre ha sido y siempre será, se deriva del pensamiento, la inteligencia que es la mente de Dios.

Por lo tanto, en el principio existía el espacio infinito del pensamiento. Y Dios siempre habría permanecido como pensamiento sin forma si no se hubiera contemplado a sí mismo, si no hubiera volcado y replegado hacia dentro, hacia sí mismo, el pensamiento que él era. Cuando el Padre contempló el pensamiento que él era, se extendió en una forma única de sí mismo, porque cada vez que se contempla un pensamiento, la acción del razonamiento puro expande el pensamiento; éste se convierte en algo más, se magnifica. De esta manera, el Padre, que nunca antes había extendido su ser, se contempló a sí mismo hasta convertirse en una mayor grandeza.

¿Qué produjo en el Padre el deseo de comprenderse a sí mismo y ampliar su existencia? El amor. La pura esencia, el puro propósito del pensamiento contemplativo, es el amor. Fue el amor de Dios por sí mismo lo que le dio el deseo de contemplarse y convertirse en una forma única y extendida de sí mismo.

A raíz de aquel movimiento del amor nacieron todos ustedes. Porque cuando Dios se abrazó a sí mismo y se amó hasta una mayor grandeza, todos ustedes se convirtieron en aquello en lo que Dios se había extendido. Cada uno de ustedes se convirtió, en aquel mismo momento maravilloso, en una parte ilustre del primer pensamiento contemplado y extendido.

Siendo la primera unidad engendrada por Dios Padre, cada uno de ustedes se convirtió en un dios de Dios, en un hijo del Padre, y en una parte de la divina inteligencia, la mente de Dios. Ustedes, los dioses, son la única creación que viene directamente de Dios. Son la única creación que siempre será un duplicado exacto de lo que el Padre es, porque son el Padre en una forma ampliada de sí mismo. Todo lo que el Padre es, él lo es infinitamente en el conjunto de sus amados hijos.

Dios, el Padre, es el pensamiento compulsivo y contemplativo llamado vida, una continuidad que nunca puede detenerse, así como tampoco sus pensamientos pueden hacerlo. Para que el pensamiento, o la vida, sea una expansión siempre continúa hasta el infinito, debe tener una razón para continuar. La razón son ustedes. Cada uno de ustedes se convirtió en una parte de la mente de Dios, para que a través de ustedes, la vida pudiera continuar extendiéndose hasta el infinito, el cual, de hecho, no tiene medida en el tiempo, porque el infinito existe en este momento, es la continuidad y eternidad del ahora.

Con el propósito de avanzar, el Padre les dio a cada uno de ustedes la única cosa que siempre existió y siempre existirá: la totalidad del pensamiento, o sea, la totalidad de Dios. A cada uno de ustedes les fue dado, por el Padre y para el Padre, todo lo que ustedes son: una inteligencia divina y una voluntad creativa y soberana. A través de esa inteligencia y de la voluntad libre, se les dio el poder de tomar el pensamiento que el Padre es y extender lo que son de acuerdo con sus propios procesos de pensamiento contemplativo.

Dios, la mente divina, se extiende continuamente y aumenta a través de cada uno de ustedes. El Padre se convierte instantáneamente en todo aquello en lo que ustedes se convierten al extenderse. Y todo aquello que el Padre llegue a ser—a través de la expansión de todos sus amados hijos— en eso se convertirán al momento, porque cada hijo es el receptor de todo lo que el Padre es. Así, a través de sus propios pensamientos contemplativos siempre pueden ser lo que Dios es: un reino continuo, expansivo, extraordinariamente maravilloso.

En su comienzo, cuando el pensamiento se contempló a sí mismo, se extendió en el principio de pensamiento llamado luz. La luz fue lo primero que se creó, porque siempre que el pensamiento se contempla y se expande, baja a una frecuencia vibratoria que emite luz. La luz es, por lo tanto, la primera forma a la que desciende el pensamiento contemplado y expandido.

Su herencia original se remonta al nacimiento de la luz; pues cada partícula de luz nacida del primer pensamiento contemplado, se convirtió en un individuo, un dios, un hijo. Así, en el momento de la creación, todos se convirtieron en lo que se llama seres de luz.

Todos fueron creados como seres en ese mismo momento. Todas las entidades que han existido o existirán, fueron creadas del pensamiento hasta convertirse en luz cuando Dios se contempló a sí mismo. La luz, que emanaba del espacio de pensamiento, se convirtió en parte adyacente de la mente de Dios, el flujo de todo pensamiento o «río de pensamiento».

La luz en la que se convirtieron cada uno era y es la inteligencia que ustedes son; es Dios en su forma extendida de luz. Esa luz divina, que es su cuerpo original y permanente, es el espíritu de su ser, o lo que yo llamo el Dios de su ser, porque su espíritu es Dios, la mente de Dios en forma individual. Hasta este día aún poseen su espíritu original, el Dios-yo original, el cuerpo de luz original en el que se convirtieron en toda su gloria cuando el pensamiento, su amado Padre, se contempló y extendió hasta convertirse en la luz.

Ahora, en sus comienzos, cuando el pensamiento, o Dios, pasó a través del espíritu de su ser, se creó una emoción, pero era efímera. Así que su alma se creó a través de su fuerza creativa, para absorber el río de amor que salía de Dios el Padre. Se creó con el propósito de capturar el flujo continuo del río de pensamiento y llevarlo a un estado de quietud -lo que se llama memoria— en forma de emoción.

Tu alma, que vive dentro de tu espíritu, es lo que te permite ser un principio creativo. Porque para crear debes poseer la capacidad de retener la imagen del pensamiento clara y firme en la memoria. De esta manera, puedes templar el pensamiento y expandirlo hasta formar los valores creativos que llamas realidad.

Por ejemplo, para crear una flor nueva y única, tiene que emerger el pensamiento de una flor. El pensamiento de la flor se toma del flujo de pensamiento siempre continuo, que es uno con el espíritu o la luz de tu ser. El pensamiento, entonces, se mantiene claramente en el alma como una imagen, en forma de emoción. A través del deseo, puedes recobrar ahora la imagen del pensamiento «flor», contemplarla y extenderla en cualquier forma única, color, o tamaño que desees. Ahora puedes de manera única, crear una flor, la que tú quieras y en el momento en que tú lo desees. Manteniendo el pensamiento perfectamente inmóvil en la memoria, puedes dibujar su retrato perfectamente.

Sin tu alma, no podrías extender al Padre hasta la forma creada, pues no podrías mantener el pensamiento inmóvil para contemplarlo y extenderlo hasta la creación.

Ahora, lo que tú llamas creación es realmente el valor de la vida que siempre ha existido. La creación no tiene un principio y, ciertamente, no tiene fin. Y los creadores a partir de la sustancia del pensamiento son todos ustedes, las entidades de luz, los dioses. Todas las cosas han sido creadas por los hijos a partir del pensamiento que el Padre es. Y todo cuanto los hijos crean, se convierte en el yo extendido del Padre.

Todo lo que ves a tu alrededor se llama materia. El Padre es la materia, porque todas las cosas son Dios. Pero los creadores y diseñadores de la materia son los maestros artesanos que todos ustedes son, los dioses que son; pues tuvieron, desde un principio, el propósito inteligente de crear en materia cualquier ideal que pudieran visualizar a través del pensamiento.

Todas las cosas nacen del pensamiento, todas. Cada objeto material tuvo como punto de partida un pensamiento que fue abrazado en emoción para formar un ideal de creación. Antes de que algo fuese creado, el alma primero visualizó ese pensamiento como un ideal. Todo lo material fue creado y formado por los dioses mediante un ideal de pensamiento visualizado, utilizando la materia que es el Padre.

Ahora, toda la materia está rodeada de luz. Sus científicos empiezan a sospechar —y han acertado en su suposición— que si se toma la luz y se disminuye o reduce su frecuencia vibratoria, se convierte en materia bruta. ¿Y de dónde vino la luz? Del pensamiento, de Dios.

Siempre que contemplas el pensamiento y lo abrazas emocionalmente. éste se extiende hasta la frecuencia vibratoria de la luz. Si reduces el movimiento de las partículas de la luz y lo condensas, creas el electrum, un campo electromagnético que contiene polos positivo y negativo, lo que tú llamas electricidad. Si reduces y condensas el pensamiento más aún, más allá de campos electromagnéticos, el electrum se coagula en materia bruta. La materia bruta se agrupa entonces en la estructura molecular y celular llamada forma. Y la forma se mantiene unida debido al pensamiento que el alma visualizó como ideal de creación.

Todas las cosas se crean tomando lo que no tiene velocidad —el pensamiento— y extendiéndolo hasta aquello que sí la tiene —la luz— y luego reduciendo la velocidad de la luz hasta que creas esto y aquello y todo lo que hay a tu alrededor.

Amados maestros, son ustedes quienes han creado, a través de sus propios procesos de pensamiento, la belleza y el esplendor de todo lo que existe. Son ustedes quienes han creado todas las cosas —desde el pensamiento hasta la luz, el electrum, la materia y la forma— simplemente pensándolas y sintiéndolas hasta darles vida. Pues ustedes, que eran pensamiento reducido a luz, contemplaron esa luz en la que se habían convertido, y la amaron; al hacer esto, redujeron la luz otro escalón para crear el electrum. Al contemplar el electrum en el que Dios se había convertido a través de sus procesos de pensamiento, lo redujeron nuevamente hasta la materia bruta, o «pensamiento coagulado», la forma más baja de pensamiento y a la vez otra dimensión del Padre en sí mismo.

Por lo tanto, su primer movimiento fue el reconocimiento de lo que se llama «la ciencia del pensamiento transformado en materia». Y esta ciencia nunca se les enseñó; fue simplemente entendida, porque era un proceso de vida en el cual estaban envueltos. Fue a partir de esta ciencia, de este entendimiento, que empezaron las formas creadas.

En el principio de las formas creadas, los dioses se contemplaron a sí mismos —las luces que eran— y crearon el ideal de luz en materia al crear lo que se llama soles. Y había trillones de billones de ellos. Innumerables. Todos los soles fueron creados gracias al enfoque o la fusión de materia gaseosa que resultaba de la reducción del electrum. Y a partir de los grandes soles —las chispas centrales de la vida— fueron creadas y lanzadas a sus órbitas las esferas rotativas llamadas planetas. Y sobre las esferas, los dioses crearon diseños; y les llevó eones aprender a diseñar.

¿Quién creó este universo y todos los universos que rodean un ciclo solar incluso mayor? Ustedes lo hicieron, en verdad. Ustedes los diseñaron simplemente. Cada cosa que crearon, a través del pensamiento contemplado, aumentó su experiencia, permitiendo que los sentimientos —el tesoro más auténtico del pensamiento— se originaran en su alma. Y fue a través de los sentimientos como se creó el plano de la materia.

Su divinidad yace en que ustedes son, de hecho, las primeras chispas de luz. Y en que ustedes, los creadores, han creado desde el Padre con su voluntad soberana todo lo que existe. ¡Todo! Dios no creó los universos: él es los universos. Ustedes los crearon a partir de sus procesos de pensamiento sintiéndolos en sus almas.

LA MAYORÍA DE USTEDES estaba entre los dioses que vinieron a este lugar suyo llamado Tierra hace muchos eones, y aquí crearon toda la vida y la hicieron evolucionar. Durante millones de años, tal como ustedes conocen el tiempo, tomaron del pensamiento que el Padre es y, con su suprema inteligencia y poder creativo, diseñaron sus ideales de creación.

Ustedes, las entidades de luz, formularon aquí organismos vivos a partir de la bacteria que se formó por la reacción de la materia gaseosa con el agua. Ese fue el barro con el cual crearon los diferentes valores de vida. Y al principio, sus creaciones eran meramente materia agrupada expresándose como «un montón de algo». Su creatividad era muy simple, porque apenas empezaban a entender la realidad de la materia y cómo crear a partir de ella. Pero tras eones de tiempo, crearon las plantas y los animales, y cada criatura viviente sobre este plano.

Las criaturas fueron concebidas por ustedes como una expresión de su emoción creativa, como una expresión de vida creativa; formas de vida que poseían movilidad y podían expresarse por sí mismas. La flor fue creada por un grupo de ustedes. Se introdujo el color. Se añadió el aroma. Y más tarde surgieron varios aspectos de la flor en diferentes diseños.

Deben entender que ustedes no trabajaron para crear estas cosas, pues como seres de luz no tenían un cuerpo con el que trabajar. Cualquier cosa que deseaban crear, simplemente se convertían en ella. Para dar sustancia a la materia, para darle personalidad, para darle inteligencia y diseño, se convertían en una parte de cada cosa que creaban. Una vez que cada creación se convertía en parte viviente de la inteligencia de su creador, se separaban de sus creaciones, siempre en busca de creaciones mayores.

Ninguna de las cosas que crearon aquí sería tan hermosa y sublime tendría un significado con propósito, si no tuviera dentro de sí el «aliento vida» de su creador. Ustedes son quienes infundieron en sus creaciones la inteligencia, o patrones de memoria genética llamados instinto. Es lo que dio a sus creaciones un propósito de ser y los medios —a través de procesos de reproducción y del intercambio de genes— para que evolucionaran nuevas especies. Con todo, las nuevas especies aún llevarían dentro la inteligencia del instinto, el aliento de vida de los grandes dioses creativos que pusieron en marcha los patrones de la evolución. Por eso todas las cosas vivientes tienen dentro de sí la divina esencia que es la chispa de vida, que viene de ustedes, los dioses, sus creadores.

No fue hasta que una cadena de alimentación hubo sido claramente establecida, que los dioses decidieron crear un vehículo de materia a través del cual pudieran experimentar sus creaciones y continuar expresando su creatividad, pero como ellos mismos más que como sus creaciones. Y por esto, crearon la encarnación llamada hombre.

Ahora, el pensamiento es una frecuencia penetrante, una esencia que pasa a través de la materia. Por eso los dioses, que eran pensamiento en forma de luz, podían convertirse en la flor y sin embargo nunca olerla, nunca conocer su esencia. Ellos eran como la brisa que soplaba entre los árboles, pero nunca podían sentir o abrazar al árbol. Ellos podían pasar a través de la piedra, pero no podían sentirla porque el pensamiento no es afectado por la materia que la piedra es, pues le falta sensibilidad para sentir la esencia de una vibración más baja.

Para que los dioses pudieran oler la flor, sostenerla, adornarse con ella, para que pudieran conocer su belleza y experimentar su viveza, tenían que crear un vehículo de materia que vibrara a la misma velocidad que la flor. De este modo, la encarnación llamada hombre, se creó después de que se hubieran creado todas las demás cosas, para que los dioses pudieran sentir y experimentar sus propias creaciones, y expresar su capacidad creativa a través de a materia bruta, o lo que llamáis «masa solidificada», el pensamiento llevado a su forma más baja.

El hombre fue creado según un ideal de pensamiento, para ser un vehículo que los dioses pudieran conducir desde adentro. Era el cuerpo perfecto para un dios, pues podía contener el alma y estar envuelto por el espíritu del dios. A través de un cuerpo, los dioses podían tocar la flor y oler su esencia; y la experiencia de aquello sería grabada para siempre en sus almas como sentimientos, el tesoro de sus acciones. Ahora podían mirar realmente un árbol y contemplarlo, saborear su olor y tocar su belleza. Ahora los dioses podían verse tocarse, abrazarse y hablarse el uno al otro. Ahora podían alimentarse y observarse y ser completamente volátiles el uno para el otro. Y ahora los dioses, como hombres, tenían una aventura en materia totalmente nueva con la que jugar, para adquirir la esencia invisible llamada sentimientos.

De esta manera, los dioses, seres de luz sin densidad material, crearon una densidad apropiada para su ideal. A través de la masa del cuerpo ellos podían expresarse en una nueva realidad: pensamiento manifestado en la forma llamada materia. Con eso se convirtieron en Dios, pensamiento divino manifestado en la inteligencia de la masa celular llamada humanidad. Y así se convirtieron en Dios-hombre, hombre-Dios: Dios expresándose en la maravilla de la forma humana; hombre expresando al Dios dentro de sí mismo para continuar la expansión de su Padre hacia la eternidad.

Los primeros hombres surgieron después de muchos experimentos hechos por un grupo de dioses. Al principio, sólo fueron creados del género masculino, y ni siquiera tenían genitales. Los genitales estaban en su interior, de manera que pudieran reproducirse por sí mismos a través del proceso llamado clonación. Por esto, todos los cuerpos masculinos se parecían mucho al principio de su creación. Y eran criaturas bastante humildes, que te parecerían muy grotescas hoy en día. Pero para los dioses, en aquellos tiempos, eran muy hermosas. Por desgracia, no eran muy sigilosas y continuamente eran devoradas por los animales de los alrededores. Así, los dioses las probaron y modificaron durante mucho tiempo hasta que fueron merecedoras de posesión completa. Una vez que el cuerpo hubo sido perfeccionado, muchos de los dioses, con gran júbilo, tomaron posesión de los cuerpos para emprender una nueva aventura en la exploración de la vida.

Los cuerpos que habitaban los dioses fueron diseñados para albergar una estructura de fuerza que capacitara a los seres de luz para mejorar continuamente sus cuerpos, de modo que éstos pudieran vivir y coexistir en un medio muy peligroso. El cuerpo fue diseñado para que la memoria de cada pensamiento que el dios abrazara emocionalmente fuera grabada en cada célula y así transferida a través del proceso de clonación.

Cuando la matriz del hombre o mujer*, se creó mucho después como una forma de hombre más perfeccionada, ello permitió la singularidad y el mayor refinamiento del cuerpo a través de la división de los genes.

* (N.T.) Aquí Ramtha hace un juego con las palabras en inglés womb of man (matriz del hombre), y woman (mujer).

El hombre llevaría en su semilla los patrones del entendimiento que había alcanzado hasta ese punto, y la mujer los llevaría en su óvulo. A través del acto de copulación, los patrones genéticos de ambos se juntarían para crear una entidad incluso más avanzada, basada en el aprendizaje y las realizaciones de sus padres. Sin embargo, a través de este proceso estaban creando solamente un cuerpo mejor, no un mejor espíritu.

A medida que el entendimiento de los dioses viviendo como hombres empezó a crecer —por necesidades de supervivencia— el cuerpo fue continuamente perfeccionado desde su forma primitiva o, como ustedes dicen «evolucionó», un proceso que ha continuado durante más de diez millones y medio de años, según su cómputo del tiempo. Eso es lo que ha tomado que ustedes se convirtieran en lo que son en este momento.

Su cuerpo es joven. El hombre, en su verticalidad y movilidad, sólo tiene diez millones y medio de años. Pero ustedes, los seres de luz, siempre han existido. Porque, ¿cómo se puede determinar el principio del pensamiento contemplativo basándose en el tiempo, cuando éste no existía? De modo que son antiguos, y durante billones de años, tal como los llaman en su manera de medir el tiempo, crearon con el electrum. Después, bajar el electrum hasta la materia se convirtió para ustedes en una aventura nueva y diferente. Y a través de billones de años de diseño y exploración, el hombre llegó finalmente a ser una criatura viviente y con aliento, de pensamiento coagulado y materia densa.

Todo lo que existe en este plano lo crearon ustedes. Es por eso que la realidad no estaría aquí si no fuera por todos ustedes. Los animales son amados porque han recibido el aliento de vida a través de ustedes, sus creadores. Las flores son amadas, porque llevan en ellas los patrones de su belleza... Toda la vida lo lleva. Y todo es gracias a ustedes.

¿Quiénes son ustedes? Ustedes son los grandes dioses de luz, los grandes creadores de toda la vida. Son el pensamiento grande e infinito, ampliado y rebajado hasta la materia creativa. Son Dios, el pensamiento eterno, experimentando la forma llamada humanidad. Son Dios manifestado como hombre para continuar la expansión del pensamiento hasta la eternidad.
* * *
Estudiante: Me encuentro en una posición en la que debo decidir si he de seguir o no el aprendizaje de las cosas que tú enseñas. Todo lo que dices me complace, pero existe un elemento de duda que me hace cuestionar si todo lo que enseñas es verdad. ¿Hay algo que tú pudieras decirme, o hacer, para convencerme de que lo que dices es verdad?
Ramtha: No. Pero te voy a preguntar esto: dime qué cosa no es verdad.
Estudiante: ¿Qué no es verdad? Bueno, por ejemplo, recientemente escuché una grabación de una audiencia en la cual dabas una descripción muy hermosa sobre cómo empezó la creación. Era muy detallada y muy satisfactoria, especialmente en comparación con otras versiones que he oído. Me gustaría creer que ocurrió exactamente del modo en que lo dijiste. Pero no puedo estar seguro de que lo que dijiste sea verdad.
Ramtha: Entonces, ¿cómo ocurrió?
Estudiante: Yo no tengo una explicación, simplemente estoy buscando un mayor entendimiento.
Ramtha: Tú has oído muchas explicaciones de cómo ocurrió la creación. ¿Cuál eliges?
Estudiante: Realmente sólo he oído dos o tres, pero la tuya me complace más que ninguna.
Ramtha: ¿Por qué?
Estudiante: Bueno, porque es más detallada.
Ramtha: ¿Y cómo podría ser tan detallada? ¿Cómo posee uno el conocimiento de aquello de lo que habla?
Estudiante: Por la experiencia.
Ramtha: ¡Ahí Efectivamente. Esa fue mi experiencia de cómo sucedió y de cómo es, así es como yo lo recuerdo.
Estudiante: Pero ¿puedes entender mis dudas?
Ramtha: En efecto, porque tú no te has permitido recordar. Pero yo te diré esto: escúchala otra vez, y mientras todos los otros relatos no han podido explicar ningún hecho completamente, aquí no falta nada y todo concuerda. ¿Convencerte? Yo no haré eso, pues yo nunca te podría convencer. Solo tú puedes permitir que eso ocurra.
Estudiante: Bueno, ¿puedo hacerte un par de preguntas para clarificar?
Ramtha: Por supuesto.
Estudiante: Has dicho que el Padre se extiende a través de nosotros ¿Quiere eso decir que la mente divina está creciendo de hecho a través nosotros, a través de nuestras creaciones?
Ramtha: Precisamente. Porque el Padre fue, en su principio, el vacío sin forma, el espacio sin luz. Y él siempre habría sido eso si no se hubiera contemplado a sí mismo y abrazado el pensamiento que él era. Cuando él hizo esto, se extendió hasta la luz, la primera expansión del pensamiento. De esa luz nacimos todos nosotros. ¿Por qué? Para continuar la expansión del Padre en la eternidad. ¿Cómo? A través del mismo proceso de contemplación que el Padre inició en el nacimiento de nuestros cuerpos de luz.

Desde el espléndido momento del nacimiento de nuestras almas, cada uno de nosotros comenzó a evolucionar y a extenderse. Nuestras almas nos capacitaron para capturar el pensamiento y retenerlo en forma de emoción. De esta forma, pudimos ir hacia adentro, contemplar el pensamiento y extenderlo hasta la creatividad. Esto es lo que permitió que el mundo surgiera, que la flor diese fruto y que los animales evolucionaran y se dispersaran.

El pensamiento, que es su amado Padre, es en sí emoción sin manifestar. No se le da crédito a la existencia del pensamiento hasta que no se manifiesta como emoción dentro del alma. Una vez que el pensamiento se abraza y se graba dentro del alma, se convierte en realidad. A partir de aquí ya posee forma, estructura y sentido.

¿Quién creó todo lo que ves aquí? No fue Dios, el pensamiento, sino ustedes, los dioses, la emoción, quienes tomaron el pensamiento y lo sintieron hasta llevarlo a las formas inferiores de la materia. Lo que tú llamas realidad no se convierte en tal hasta que la emoción abraza un pensamiento dentro del alma, para formar un ideal de creación, y entonces lo expresa como forma creada. Son los sentimientos y los valores de la emoción los que dan autenticidad al pensamiento y a la forma que tú llamas realidad. Así es como el Padre crece en cada momento.

La forma creada es, por lo tanto, la evolución del pensamiento hasta la emoción. Eso es lo que permite que sea creada la materia. Eso es lo que te permite crear, evolucionar, crecer y expresar, hacer cualquier cosa que elijas. Y nunca has sido juzgado por la fuerza vital que te permite ser lo que eres, pues al serlo, extiendes y das crédito a la mente de Dios.

El Padre no sólo trabaja a través de ti, sino que siente a través de ti, existe a través de ti. Tú eres lo que él es, y esa realidad se recrea a cada momento. Es por eso que cada cosa que hagas o hayas hecho, siempre ha sido aceptada ante los ojos de Dios.

Todo lo que existe aquí, que nace del pensamiento y la luz, tú lo creaste. como el reino de los cielos, el reino de Dios, se ha extendido a través de sus amados hijos, ustedes, él mismo. Ama lo que eres intensamente, pues eres algo hermoso que ha creado todas las cosas por el gozo de crearlas.

Estudiante: Gracias, Ramtha. Tengo otra pregunta. Tú dijiste que el hombre ha estado aquí diez millones y medio de años. Pero tal como yo lo entiendo, los científicos tienen la evidencia de que el hombre sólo ha estado aquí un millón de años, como mucho dos.

Ramtha: Para que lo entiendas, ustedes arqueólogos tienen una manera de fechar los acontecimientos que se basa en la radiactividad de sus hallazgos. El origen de dicha radiactividad es el principio de luz que llaman sol. Sin embargo, la luz de su sol no ha bombardeado este plano en forma directa tanto tiempo como ustedes científicos suponen, porque su planeta estuvo rodeado de agua durante mucho tiempo. El agua que formó sus océanos estaba aún en la atmósfera en aquel tiempo. Cuando la luz de su sol llegaba al agua en el estrato, el agua difundía la luz; por lo tanto, había luz difundida por todas partes. Sin embargo, ellos determinan la edad del hombre a través de la radiactividad que hay en aquello que encuentran, creyendo que los rayos del sol penetraron directamente en este plano por mucho más tiempo del que lo hicieron en realidad.
Los dioses han estado aquí como hombres durante diez millones y medio de años, encarnados en diversas formas para poder perfeccionar el cuerpo. Y lo que te acabo de dar es una pista para que contemples y razones esto por ti mismo.

Ahora dime, maestro, ¿por qué eliges esta historia de la creación entre todas las demás? ¿Sabes por qué?
Estudiante: Simplemente porque la explicación me complace.
Ramtha: Pero ¿por qué te complace?
Estudiante: Porque tú dices que todos somos perfectos, que nadie es menos que nadie, y que la vida es siempre continua.
Ramtha: Exactamente. Y también significaría que todo lo que sus religiones les han enseñado podría estar equivocado. ¿Sabes qué es lo maravilloso de todo esto? Que quizás realmente no existe tal cosa como el diablo, o el infierno, o el pecado, o la condena, o un dios terrible. Que ellos podrían estar equivocados. Y lo están.

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